Practicando El Ego Consciente

“El Cuaderno de Bitácora”

PRACTICANDO EL EGO CONSCIENTE CON DIÁLOGO DE VOCES (cuaderno 11)

 

 

Hacía menos de un mes que me habían operado por tercera vez de la rodilla y era el primer día que volvía a la piscina. Como no podía nadar bien me fui a la clase de Aquagym esperando que en aquella hora no hubiera demasiada gente y tuviera mi rodilla a salvo de los movimientos de mis compañeros de clase.

Cuando la música empezó a sonar yo estaba tranquila en un rincón entre la pared y las líneas de separación ya que la mayoría del grupo se hallaba a unos tres metros de mí, en la parte central. Al poco rato llegó un señor y para mi satisfacción también se coloco en el centro. Pero cuando ya pasaban más de 5 minutos de clase por la parte de las líneas de separación de los carriles llegó una señora considerablemente gruesa. Sin prejuicios me sacó de mi rincón con su volumen y se quedó en la zona de la pared.

Inmediatamente saltaron mi voz egoísta y la hooligan gritando: ¡quién se ha creído que es! ¡haz algo y sácala del rincón! Intenté concentrarme en la música y los movimientos para no dañar la rodilla, sin éxito. Y dada la insistencia en quererse expresar mis voces, decidí escucharlas. La voz egoísta quería sí o sí recuperar “nuestro sitio”, la voz hooligan quería darle un toque a la señora porque aparte de llegar tarde y sacarme del sitio no había sido capaz ni de expresarse. ¡Si al menos se hubiera disculpado! Era intolerable para mis voces.

Lógicamente mi gran voz complaciente me impedía ni mirarla. Entonces nos hicieron desplazarnos por la piscina y volver al sitio. Pude ver que la señora se ponía imponente en su lugar, evitando que el grupo nos acercáramos. Conecté con mi Ego Consciente. Quería disfrutar de la clase y necesitaba escuchar todo lo que mi equipo interior tuviera que decirme. En seguida el hooligan propuso darle un manotazo. La voz egoísta pedía que le dijera: ¡este es mi sitio! La voz complaciente me inducía a la calma y a mirar hacia otro lado y olvidar la señora porque por supuesto tenía motivos para actuar así.

Desde el Ego Consciente pude dar relevancia a que mi pierna estaba a salvo de golpes desde mi nuevo lugar y pude escoger que no iba a mirar hacia otro lado pero tampoco iba a evitar la posibilidad de decirle que le hubiera agradecido que se expresara en lugar de sacarme sin más del sitio. Con el hooligan pacté que si nos movíamos iba a hacer los ejercicios con las mancuernas de goma sin estar pendiente de ella y la señora tenía que estar pendiente de mi y no yo de ella.

El resto de la clase pasó con tranquilidad. En un momento determinado ella se acercó de más a mí y recibió un toque con mi mancuerna y no volvió a pasar. Había escuchado mi equipo, mi vulnerabilidad estaba a salvo y mi pierna también.

De todas formas, la parte crítica me decía que me tenía que haber expresado. Desde el Ego Consciente me pregunté ¿qué sabiduría podía aprender? Se trataba de estar más atenta a cada momento y prever los movimientos de la gente de mí alrededor y en la calle para evitar sustos.

Salí del gimnasio y al ir a cruzar la calle vi de frente tres turistas en la acera con bicicletas con motor directas a mí sin atisbo de mirarme. Con las muletas las hice parar y les recordé con educación que, justo donde estábamos, había un carril bici para ellas. Primero se sorprendieron y luego se disculparon. Mi equipo respiró hondo y me sentí en paz. Mis voces preocupadas por mi vulnerabilidad habían actuado y mi Capitán / Ego Consciente había liderado la situación.

Mònica Jal
Coach Co-Activa.
Coaching de equipos y Coach Wingwave.
Facilitadora en Diálogo de Voces.

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